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Irreflexiones sin importancia sobre la comunicación en la vida política

No era así como lo planeamos

Hace unos días charlaba con una amiga sobre el desconcierto que nos produce la manera de vivir de la nueva generación, esas ansias por querer vivir rápido (¿y morir joven?), de querer probarlo todo cuando apenas son unos niños, a diferencia (quizá) de la nuestra, en la que los niños seguían siendo niños aunque con ganas de ser mayores. Hoy en día, según su percepción, es algo habitual que las niñas pierdan la virginidad a los 13 años, que se produzcan cada vez más abortos en menores por embarazos no deseados, y que niños y adolescentes se estrenen en el uso de las drogas a edades cada vez más espectacularmente tempranas. Ella llega a la siguiente conclusión:

Desde que trabajo en un lugar de ocio me doy cuenta que quien educa hoy en dia no son los padres sino la Tv, los videojuegos, el dinero y la calle.

Y yo estoy de acuerdo con ella. Trabajamos demasiado para ocuparnos de los hijos, cuando llegamos a casa estamos cansados de trabajar tantas horas fuera y no nos ocupamos de educarlos: ¡bastante trabajo tenemos con mantenerlos!

Y eso, si tenemos la suerte de poder tener hijos, porque tal y como se está poniendo el tema inmobiliario, yo me lo veo crudo crudo… Como ahora trabajan por norma general los dos miembros de la pareja, los pisos se pagan el doble (¿qué digo el doble? ¡el triple!) de caros. Han visto que, si nos apretamos el cinturón podemos pagarlos y nos están apretando el cinturón, la corbata y la soga al cuello hasta asfixiarnos. A este paso, toda una generación estéril por el método anticonceptivo más eficaz: la letra del piso.

Esto último me preocupa especialmente, porque Joan y yo queremos tener hijos, preferentemente el primero antes de los 30 (y yo ya he cumplido los 26), pero tal y como está el patio, no sé si la letra de la hipoteca nos va a permitir ser padres algún día.

Honradamente, a veces pienso que con la incorporación de la mujer al mercado laboral nos han tangao pero bien. Nos han estafado, compañera. No era esto lo que planeamos, y ahora lo estamos pagando.

¿Quien se encarga ahora de las tareas del hogar? Con suerte, externalizamos estos menesteres con personal subcontratado en las capas más desfavorecidas de la sociedad. Hablemos claro: habitualmente, mujeres inmigrantes y mujeres autóctonas con un nivel cultural y educativo bajísimo tirando a nulo. Mujeres todas, en cualquier caso, de los estratos más desfavorecidos de la sociedad. ¡Pues sí que hemos progresado! Y eso, digo, en el mejor de los casos, porque en el peor es mayoritariamente la mujer quien se encarga de trabajar fuera de casa y de seguir trabajando cuando vuelve al hogar. Seamos honestos: el reparto equitativo de tareas domésticas aún está lejos de ser una realidad, así que sea la señora de la casa o sea una empleada doméstica, mayoritariamente sigue siendo la mujer quien se encarga. Trabajamos fuera de casa, y trabajamos dentro. Como decía, ¡pues sí que hemos progresado!

¿Y quien se encarga ahora de educar a los hijos? Tradicionalmente, era la madre, el ama de casa, quien se encargaba de estos asuntos. ¿Y ahora, que la madre está igual de ausente o más que el padre? La televisión, la calle y, con suerte, los abuelos y la canguro. Vamos de mal en peor. Y no, que conste que no es que una feminista recalcitrante como yo esté renegando de la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, solo digo que nos hemos dejado algunos cabos sueltos por el camino, y que conviene arreglarlos entre todos antes de que todo el tinglado se nos vaya a hacer puñetas. Empezar por poder acceder a una vivienda digna que nos permita llegar a final de mes sería un buen principio. ¿Y eso de la Renta Básica de Ciudadanía? Pues tampoco suena del todo mal. La plena equiparación en sueldos y en responsabilidades de hombres y mujeres en el mercado laboral es un objetivo al que no debemos renunciar. Y que ellos se pongan las pilas en casa (y eso pasa por que sean las madres las primeras que empiecen a educar a sus hijos en la igualdad y en la responsabilidad en las tareas del hogar, y los padres por responsabilizarse plenamente de la educación de sus hijos) sería un gran avance para la nueva generación

Lo que tengo claro es que no era así como lo planeamos cuando decidimos estudiar, ser universitarias e incorporarnos al mercado laboral en ¿las mismas? condiciones que nuestros compañeros. Algo ha fallado, los hombres siguen siendo quienes ostentan el poder, y aunque la ley de igualdad sea un pequeño avance en el buen sentido, aún nos queda mucho trabajo por hacer, pero no podemos dormirnos en los laureles. Ahora esta sociedad tiene no una sino varias piezas sueltas, y una de ellas es cómo se está educando la nueva generación. El síndrome del emperador, por ejemplo, hace tiempo que debería habernos puesto sobre aviso. Se nos va de las manos

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10 Comentarios en “No era así como lo planeamos”


  1. Efectivamente, Jessi, has dado en el clavo. Respecto a los posibles paliativos que apuntas (la renta básica, el reparto equitativo de las tareas domésticas entre hombre y mujer…), hay que ser bien consciente de que son eso: paliativos. Si el hombre y la mujer se reparten equitativamente el trabajo doméstico, la carga será más llevadera, qué duda cabe, pero no son las tareas domésticas las únicas (quizás ni siquiera las principales) que tienen las parejas, máxime si tienen hijos.

    De cara, por ejemplo, a estar en condiciones de procurar una educación solvente a los hijos, hay que encontrar la manera de recuperar las funciones positivas que la familia tenía en su época de auge, procurando que no se reproduzcan las funciones negativas. Considerándome un marxista bastante clásico en este tema, creo que huelga decir a qué me refiero. Y el otro gran aspecto de la cuestión sería el trabajo y la relación trabajo/ocio, tanto en tiempo como en sostenibilidad del segundo elemento. Porque el ocio planteado como la sociedad actual nos obliga a planteárnoslo en bastante medida, es, creo yo, insostenible a largo plazo (ocio entendido como tiempo para consumir).

    Efectivamente, quizás no sea el mejor momento para pensar en tener hijos, pero el ser humano siempre ha sido un factos caótico que mcuhas veces reacciona contra toda lógica aparente y se embarca precisamente en aquello que menos parece interesarle.

    En muchas ocasiones, para sorpresa de propios y extraños, sale con bien del intento.


  2. La televisión, internet, la calle, la propia sociedad acelera las cosas. No veo tanta diferencia entre nuestra generación y la suya, solo una velocidad mayor. Vamos más rápido hacía el fin. La diferencía esta en la educación y en la sociedad. Ahora educan todos a los niños y al final no lo hace nadie, que si el colegio, los padres, los abuelos… y al final es la televisión a las 5 de la tarde con un casposo diciendo como fornico con tal o con pascual. La televisión sobretodo, tiende a normalizar lo que emite y más en los niños que toman por normal lo de follar a la primera de cambio o que ir de chulito cabrón analfabeto es lo mejor que hay.


  3. Casshern, ¿y algún tipo de “filtro” intelectual en los niños que les ayude a distinguir realidad de ficción? No creo que un ciclo de reposiciones de La Jungla de Cristal les vaya a hacer creer que es norma o lo mejor que hay pegar tiros a diestro y siniestro, ¿no?

    Creo que lo que falta es una educación “previa” para distinguir realidad de ficción, para separar lo que es un comportamiento aceptable de lo que es una parodia. Y esa educación corresponde a los padres.

    Por cierto, que siempre he pensado que los padres están para educar, y los abuelos para malcriar, que para eso ya educaron a sus hijos y les corresponde disfrutar de sus nietos…


  4. […] el Gobierno, de nada va a servir si lo que mantiene cohesionada una pareja es la hipoteca. Y digo a la pareja, que no a la familia, porque eso cada vez es más complicado: toda una generación de mileuristas estéril por el método anticonceptivo más eficaz, la letra […]


  5. […] la vivienda, que lastra las perspectivas de futuro de toda una generación. Y si esta generación, los que hoy estamos entre los 25 y los 35 años, no podemos ni independizarnos ni mucho menos tener …, ya me explicará el Ministro de Economía cómo se lo va a montar para garantizar la buena marcha […]

  6. kelsey

    Vivimos en una sociedad consumista, en la que la mayoría de los
    padres se vuelven irresponsables con sus hijos, no les dan ni edu-
    cación, ni cultura ni valores reales, ojo que no suelen ser todos, y
    digo esto, porque lo veo día a día en mi trabajo ( padres que pier-
    den a sus hijos) sí habeis leido bien, no son los hijos ya los que se
    pierden. No les inculcan respeto hacia los demás, etc…
    Y todo ello no sólo es consecuencia de unos trabajos, ni del poco
    tiempo que les podamos dedicar.
    Si cada vez que nuestro hijo intenta llamar nuestra atención y no
    lo queremos ver, es cuando estamos dejando que nuestro hijo
    tenga educarse no bajo las normas que le impartamos nosotros,
    sino en aquello en lo que el niño ve refelejado en su casa y en el
    entorno exterior.
    Es cierto que hoy en día no tenemos todo el tiempo que
    deberíamos impartir hacia nuestros hijos, ni muchas veces
    la moral para estar con ellos, pero yo me pregunto:
    ¿Para qué tenemos a nuestros hijos?, sino para darles todo aquello
    que nosotros no tuvimos, por lo que si tienes hijos y esto es solo
    mi opinión personal, ¿no deberías responsabilizarte de ellos?


  7. […] si las dificultades de los jóvenes para independizarse no hubiese alcanzado ya la categoría de drama generacional al que urge poner remedio. Por no decir, porque ya lo he dicho antes, que los jóvenes no solo […]


  8. […] la vivienda, que lastra las perspectivas de futuro de toda una generación. Y si esta generación, los que hoy estamos entre los 25 y los 35 años, no podemos ni independizarnos ni mucho menos tener …, ya me explicará el Ministro de Economía cómo se lo va a montar para garantizar la buena marcha […]


  9. […] si las dificultades de los jóvenes para independizarse no hubiesen alcanzado ya la categoría de drama generacional al que urge poner remedio. Por no decir, porque ya lo he dicho antes, que los jóvenes no solo […]


  10. […] de mí misma como feminista por creer que cumplir era mi obligación. Cuando me dijo que no quería que nuestros hijos tuvieran una madre ausente, ya me acabé de hundir en la misera de mi condición de mujer, esposa, futura madre y […]

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